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lunes, 11 de diciembre de 2017

Contra todo pronóstico

Dicen que las finales siempre es mejor definirlas de local y, es cierto, genera más tranquilidad. ¿Pero qué más da? Es una final, como todas, y hay que jugarla apretando los dientes, como bien sabe hacerlo Independiente.



Copa Sudamericana 2017 con Independiente en la final. ¿El rival? Flamengo, que no perdió ningún partido de local y, al único equipo argentino que recibió en el Maracaná en el año que fue San Lorenzo, le metió cuatro. ¿Está difícil? Si, pero también para ellos, porque no enfrentarán a cualquier equipo, sino que tendrán de rival nada más y nada menos que al Rey de Copas.

El sábado, luego del triunfo ante Arsenal, le consultaron a Ariel Holan por la venta de entradas y el Profesor afirmó: “Esto es Independiente”. Parecen tres simples palabras, pero solo con ellas, al entrenador le bastó para dar a entender que no están hablando de cualquier club, sino de un hacedor de grandes hazañas.

¿Acaso quedó en el olvido la Libertadores de 1975, cuando el Rojo le ganó 3-0 a Cruzeiro para llegar a la final y luego ganarla? Parecía imposible, pero el Diablo lo logró, y luego sumó su sexta Libertadores. ¿Y en 2010? ¿Cuándo hubo que revertir un 2-0 para ganar la Copa Sudamericana? Los medios desmerecían a Goiás por estar descendido cuando este había eliminado, en el camino, a Gremio, a Palmeiras y a Peñarol, tres clubes entre los que hoy suman nueve Libertadores. Esa noche, Independiente sacó chapa y, con más aguante y mística que fútbol, logró igualar la serie y ganarla en los penales.

En 1995, tal como sucede hoy, el Rojo también tuvo un panorama complicado. En la Supercopa de aquel año, la final fue con Flamengo, y se definía en el Maracaná. Con goles de Javier Mazzoni y Cristian Domizzi, el Rey de Copas logró un valorable 2-0 en la Doble Visera y, en Brasil, cayó 1-0 con gol nada más y nada menos que de Romário. De esta forma, el grande de Avellaneda se consagró campeón en Río de Janeiro.

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